jueves, 24 de agosto de 2017

Ataque frontal en plena disquisición

   Seguro que no os importa... ¡No importa! Un curso, un grado de formación como otro... ya sabéis.. no es de extrema importancia. ¡Alabada sea la relevancia!

   Arte minimalista por todas partes... bueno, arquitectura. [El narrador se hace el remolón]. Extrañamente, los servicios masculinos no rebosan de meada por todas partes. Parece ser que en la ciudad cambian algunas cosas... quién me lo iba a decir. Una de las variopintas sorpresas agradables con las que he podido satisfacer mi apetito curioso. Sé que es de muy mal gusto pero quisiera comparar esta ansia con... con un pedófilo a la puerta de una escuela un lunes a las cinco de la tarde -¿cinco de la tarde? ¿lunes? Pero qué puñetas...

   La precisión anterior (¿...?) me ha trastocado un poco. Querido/a lector/a (siempre el inclusivo; no cometeré el error de mis camaradas misóginos de siglos... añejos... dejémoslo en "anteriores"), seguramente usted esté... ¿bien? Lo siento. No voy a conversar con usted (posible lástima). Un libro es para perderse un rato en la cabeza de otra persona..., escuchando lo que yo quiera comunicarle.  También siento la flagrante demostración de prepotencia anterior. Volvamos al principio: <<Seguramente usted este...>> -sigo- esperando -mire el reloj...- a que continúe -¡no, enserio!¡mírelo!- mi gran relato, apasionante vida de un hombre inmigrante que... -¿ha mirado el reloj? ¿No le importo, verdad?¿Tiene que hacer algún otro quehacer?¿se siente que pierde el tiempo? Yo me siento así. Usted no tiene remedio. Pero, responda con sinceridad... ¿ha mirado, ojeado, observado, fisgoneado, aunque fuera de reojo el RELOJ?¿Sí? Entonces le comunico que es un completo gilipollas. ¡GI-LI-PO-LLAS! Deletréelo conmigo. Puede llegar a ser entretenidamente divertido. Contagioso. Si se atreve, siga usted mis huellas... siga usted mi voz. Tómeselo como un reto personal. Intente entenderme, empatice conmigo y nos llevaremos bien. Y no perderá el tiempo. Y no le insulto más. Lo siento por lo de antes. [En realidad no].

viernes, 4 de agosto de 2017

Alas

   Era un pájaro avispado. Se escapaba de sus captores sin dejar pista, respetando la inmutabilidad de su habitáculo carcelario (salvo restos del manjar). Y buscaba, desesperado, en el último instante, ante las garras y caras viciosas de sus captores que le acorralaban el destino, la vida, saltando entre los barrotes, atenazándose, con el pecho afligido, con un agobio existencial agotador en su pico, así, se escurría hasta alcanzar la obertura que le llevaría a otro mundo paralelo. Una ventana: un camino aéreo triunfal, en forma de espiral, esplendido y suntuoso; refinado.

   Ciegamente, movido por sus pasiones, utilizaba su libertad, para, después, anularla: necesita un padre, una madre, bondadosos, que, en régimen de dictadura, le den la cobertura alimenticia. La independencia respecto al captor es nula. La cautividad forzosa anuló su naturaleza, su instinto. Ahora, confuso, se ve casado cual mendigo, vagando con actitudes lazarillescas, planeando en calles oscuras, frías. Terrazas, portezuelas, embadurnadas de pelusa, penetrando en los orificios de las claraboyas, colmando las baldosas de los patios.

   Aunque él sabe que todo lo anterior se resume a esperar la extravagante y característica danza de sus incursiones, volátil a los ojos de la moral, dependiendo  de los ojos, dando el cuerpo plumado a las manos que parecen abarrotarse, imponentes, preparándose al asalto o buscando una cálida pero silenciosa confianza. Tranquilo, elude las zarpas constrictoras, suntuoso, bello y seguro en un dudoso salto difuminado en el espacio. Tiempo para poder seguir picando el suelo, indiferente a hechos anteriores, obsoletos para el pequeño cráneo.


   La resistencia ha sido banalizada. Pobre de ella.